| |
Su nombre es una invitación al título idiota, y Cielo Latini (23), que de idiota no tiene un sólo pelo, se divierte repasando la creatividad periodística a la hora de titular las notas que la han tenido como protagonista. “Entre el cielo y el infierno”, “En el cielo del infierno”, y siguen los ejemplos. En Perú, Ecuador, Colombia y en todos esos otros países que ha visitado en estos últimos dos años, la dualidad dantesca ha sido número fijo. Cielo, por su nombre; infierno, como metáfora “creativa” de la anorexia que padeció-padece desde los 13 años. “Abzurdah”, el libro que la llevó en vuelo sin escalas desde el cuarto de adolescente atormentada en City Bell hasta las tapas de revistas, los sets de televisión y los viajes por todo el continente, es precisamente eso: el diario íntimo de una chica enferma. Sólo que escrito con una frescura, con una gracia y con una falta de autocompasión –tan adolescente todo– que hicieron que el libro deviniera en la Biblia secreta de miles de teens (ver recuadro). Primero, se empacharon con las palabras de Cielo solamente a través de la web –el blog de Latini, Mecomoami, fue cerrado hace tiempo–, pero hoy directamente se han convertido en devotos multimedia. La disfrutan en ese libro que compra uno y leen cuatro, le escriben mails, le mandan mensajes y fotos a su página oficial, y asisten en masa cada vez que la chica se presenta en público a firmar ejemplares. Sólo en esos breves instantes el fenómeno –invisible para los ojos adultos, secreto a voces para los adolescentes– se revela en todo su esplendor. Durante la 34º Feria del Libro, por caso, una hilera de seres de veinte años promedio en la que se mezclaban los piercings y los pantalones tipo skater con los aritos, los pelos parados y los suéteres tejidos al crochet, asombró a la concurrencia. Eran más de 300 metros de chicas –y también chicos, para ser sinceros– expectantes como si en cualquier momento estuviera por aparecer Shakira. Pero no. Es Cielo. “Cieli”, como le dicen ellos. Ella los abraza, los besa, charla con cada uno. Las chicas arriesgan alguna confidencia del tipo “¡Menganito me dejó!”, y hasta hay quienes repiten la cola –una, dos, tres veces– sólo para volver a saludarla. El marketing de la anorexia podrá prestarse a críticas de todo tipo, pero viendo los resultados, nadie se atreve a objetarlo.
Fenómenos XL. A los libros armados sobre la base de un blog, se los llama “blooks”, y la mudanza de la pantalla al papel suele ser trágica. O no. En el caso de Cielo, fue no. Al igual que la italiana Melissa Panarello –autora de “Cien cepilladas antes de ir a dormir”– o Bruna Surfistinha –la prostituta brasileña autora de “El dulce veneno del escorpión”–, al llegar al formato libro su blog no hizo más que vender escandalosamente bien. Más de 100.000 copias en algo más de un año, 17 ediciones a la fecha y un total de lectores estimado en más de 1 millón de personas, hablan de mucho más que de una “pegada”, en todo caso, de un hambre desaforado por cierta clase de palabras y de procesos de identificación que –si estuvieran al tanto de ellos– seguramente despeinarían a más de un padre de esos que hoy están felices porque la nena no sale mucho de casa y se la pasa “tranqui, en su cuarto, con la computadora”. Desde hace tiempo se sabe que el ciberespacio es un hábitat más que propicio para la proliferación de cualquier cosa, desde videos porno protagonizados por muñequitos hasta páginas ANA y MIA friendly. Esto es, lugares desde donde anoréxicas y bulímicas militantes –Ana y Mia son los nombres encriptados de esas enfermedades, algo así como el apodo que les han dado sus seguidoras– se encuentran para reivindicar lo que llaman su “derecho a vivir como más nos guste”. Alguna vez, Cielo fue parte de esta legión secreta que todavía hace de la web su coto favorito, pero no el único. De hecho, una enfermedad tan inquietante como esta ha servido también para que las marcas se vuelquen de lleno a una forma de publicidad en el límite con lo “snuff”.
Nolita, una firma italiana de alta costura, potenció su visibilidad hace unos meses con la campaña “No anorexia”. Fueron dos tomas espeluznantes a cargo de Oliviero Toscani, el fotógrafo que construyó la personalidad gráfica de marcas como Benetton. En ellas, aparecía de frente y de espaldas –aun cuando una y otra cosa no se diferenciaran tanto– la modelo francesa Isabelle Caro, carcomida por la enfermedad. “No anorexia. No-li-ta”, rezaba el afiche. Todo con las mejores intenciones, desde ya.
El cielo protector. Hoy, Cielo abjura de todo aquello que alguna vez pregonó. A su modo, sigue siendo extremista: pasó de la declaración de autosuficiencia nutritiva del Mecomoami a la defensa de las cuatro comidas diarias. No se arrepiente, pero sí se despega a conciencia de frases como: “La anorexia es un estilo de vida”, esas que alguna vez escribió en su libro, no menos convencida. El libro que se sigue agotando, dice las mismas cosas, pero ella cambió. ¿Qué pasó en el medio? “Terapia, mucha terapia. Tengo cuatro años de psicoanálisis encima”, responde. Y sonríe. Parece un hermoso gato feliz, y motivos no le faltan. En su agenda a futuro, hay viajes, más viajes, un segundo libro que, según ella, ya está terminando y “muchas, muchas ganas de hacer un programa de radio. Porque, si te fijás bien, los adolescentes se identificaron con este libro como con nada. No sólo por el tema de la anorexia y todo eso, que es algo secundario, sino porque es una historia de amor y de obsesión. Y los adolescentes son así, extremos y obsesivos”, insiste. “Por eso, a mí no sólo se me acercan a hablarme de desórdenes alimenticios, sino de problemas de amor. La adolescencia es una etapa de desarrollo no sólo físico, sino mental y psíquico. Y los amores impactan mucho. Mi libro cuenta eso y está narrado en un leguaje muy fresco que los adolescentes entienden”. Y cómo: durante una de sus tumultuosas visitas a la Feria del Libro, Cielo circulaba en medio de un hormiguero de gente que le daba besos, le sacaba fotos con el celular o bien le hacía extrañas declaraciones de amor. Una pareja y su hija preadolescente, sin ir más lejos. “La mujer me agradeció porque, según ella, le había cambiado la cabeza a su hija. La nena lloraba y lloraba. Sólo por verme. ¡Como si yo fuera Britney Spears! Ni yo lo concibo. Yo no lo haría por nadie…¡Y menos por mí!”, se sincera.
Vuelta de campana, vuelta de campaña. Ya no. Ya no más. Ya no más defensa de la anorexia, sino abierto pase a lo que muchas de sus ex admiradoras consideran el bando enemigo. “Yo sé que para muchas de estas chicas, yo soy una traidora, porque, de hecho, me lo dicen”, reconoce Cielo, que –para gran espanto de sus primeras adoratrices– el año pasado fue la cara de una campaña para crear conciencia sobre bulimia y anorexia. La iniciativa tuvo alcance continental, se llamó “Quiérete” y fue organizada por Cyzone, una reconocida marca de accesorios para teens. Así fue como Cielo se convirtió en una suerte de portavoz no oficial, pero altamente efectiva, del discurso anti-Ana y anti-Mia. Su rostro fue carteles callejeros en Ecuador, Perú y México. Desde la web y desde la publicidad móvil en colectivos, “Quiérete”, insistía. “Pero ¿no era que ‘la anorexia es un estilo de vida?’. Eso es lo que decís en tu libro”, indagó NOTICIAS. Explica Cielo: “El libro fue la novela de mi vida y, escribiéndolo, sentí que me estaba sacando un peso de encima. Para mí, fue como un exorcismo. Y hoy por hoy el mensaje que doy es otro. La anorexia no es un estilo de vida, sino una enfermedad. Uno no puede elegirla. Es como elegir tener anginas o cáncer. Lo que pasa es que yo antes estaba enferma y ahora no. De todos modos, mi recuperación es una incógnita hasta para mí. La verdad es que yo tampoco sé bien qué fue lo que hizo mi psicólogo para sacarme de eso. Pero me sacó y ya no tengo rollo con la comida… aunque no pueda decirte cómo fue”. Evidentemente, esta delgada y astuta criatura ha logrado despegarse a tiempo de la cáscara de chica-problema-que-se-corta-y-no-come que lucía la primera vez que llegó a los medios. Hoy, la patología que alguna vez funcionó como su base de lanzamiento hacia la galaxia de los exitosos, se ha vuelto un lastre. Y ella ya es ligera, y otra. Lo hizo casi todo y vivió para contarlo. La clase de historia que a los adolescentes les encanta escuchar.l
|