Los visitantes de Mar
del Plata, aspiran, como es lógico, a comer frente al mar.
Sin duda hay una serie de lugares para hacerlo, pero pocos gozan
de la vista de "Piazza". Instalado en la antigua mansión
de la familia Ezcurra, en la alta loma de Alem y la Costanera,
frente a la playa Varese, tanto su amplia terraza como las estratégicas
ventanas del edificio, permiten una vista envidiable del Atlántico
en toda su magnitud. Por otra parte, el edificio -que pasó
por las etapas de casa de fiestas y oficinas de una empresa inmobiliaria-
fue recuperado y se lo declaró "patrimonio cultural"
de la ciudad.
El horario de la casa permite admirar el mar desde las siete de
la mañana hasta las dos de la madrugada siguiente, con
lo cual las alternativas incluyen todo tipo de paisajes, con los
matices del paso de las horas y el clima, salvo el amanecer. Esto
implica desayuno, almuerzo, bar, té o merienda y cena.
Un conocido fotógrafo marplatense hizo la experiencia completa
y más de un centenar de tomas lo acreditan: el paisaje
tiene esa cualidad, que los hombres envidian.
El "Café Piazza" fue una antigua y reconocida
confitería mayorista de la ciudad que hoy da nombre a esta
nueva casa. El restaurante, instalado en una gran casona de piedra
construída aproximadamente en 1920, está ambientado
en un estilo sobrio que recuerda a las tradicionales casas de
Los Troncos. La cocina, en manos del chef Marcelo Sánchez,
ofrece un completo menú que representa un amplio espectro
de platos tradicionales: entradas como tablas de fiambres y quesos,
palta con camarones, ensalada Caprese, palmitos con salsa golf,
una buena variedad de ensaladas (griega, vegetariana, de la casa).
Opciones como lomo al estragón, suprema Maryland, costillitas
de cerdo a la riojana, revuelto Gramajo, mereciendo especial atención
el sector de pescados y mariscos, rabas, calamaretis a la veneciana,
lenguado, salmón blanco y chernia en diversos modos (desde
a la plancha, que es el mejor modo de apreciar el producto, hasta
con tradicionales salsas), luego pastas, crêpes y postres.
Las preparaciones son correctas, en el estilo clásico porteño
(hoy nacionalizado) y utilizan productos de buena calidad.
Claro que la perduración del horario obliga a tener cafetería
(con y sin alcoholes), repostería (desde medialunas a tortas),
sandwiches fríos y calientes (con recuerdos de viejos tiempos
como la "luna", el "fosforito" y las "lenguitas"),
también hamburguesas, lomos, pizzas, empanadas, etcétera,
todo acompañado con variadas opciones de bebidas (que incluye
al olvidado clericó de sidra). Es probable que el lector
se pregunte cómo logran mantener en marcha a buen ritmo
semejante maquinaria: Oscar Mastaglio, gerente y gastronómico
de tradición, contesta simplemente, "trabajando y
prestando atención a los detalles". Sumemos ese "gran
colaborador" que es el paisaje y tendremos resuelta la ecuación.
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