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Cowboys del atardecer y una historia con cuentas pendientes y
la necesidad de perdonar. Elmer Gylkyson (R. Redford), veterano
ranchero, unido por la tarea común y el afecto con Mitch
Bradley (M. Freeman), está duramente enfrentado con su
nuera Jean (J. López), a quien hace responsable de la muerte
de su hijo. Para él, esa mujer es una calamidad sin remedio.
En el medio, una niña avispada de 11 años, Griff,
hija de Jean, víctima del maltrato a que la somete el actual
novio de su mamá. Otro conflicto en puerta. En base a este
punto de partida, cualquier espectador avisado sospecha lo que
va a seguir. Los dos hombres quietos que han visto atardeceres
y tormentas al noroeste de Wyoming (el negro arrastra heridas
de un combate con un oso, nada menos), en algún momento
abandonarán el sarcasmo y la pachorra para tomar cartas
en el asunto. Redford y Freeman tienen buena química, acumulan
arrugas y experiencia y parecen haber vivido siempre en ese rancho
más allá del tiempo. Algunas réplicas son
realmente jugosas, especialmente cuando la nena los toma por una
pareja de homosexuales. Jennifer López, que no tuvo elecciones
muy felices últimamente como actriz, encuentra acá
alguna oportunidad de recuperarse. Mark y Virginia Spragg, guionistas,
cruzaron sabiduría y callada violencia, sin exagerar. No
es un gran film, pero sí una película de clima entrañable.
El sueco Lasse Hallstrom, convierte con sutileza este drama rural
con personajes fuertes en un western crespuscular, teñido
de melancolía, recuperando algo de la nobleza de aquellos
buenos viejos tiempos. Nada mal.
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